(En un parque, ya casi a oscuras, entra una
pareja arrastrando los pies con desánimo)
Hombre2: Cariño, creo que deberíamos
irnos ya a casa, ya hemos colgado suficientes carteles por hoy, acabaremos por
coger un resfriado.
Mujer2: Aún no ha terminado de
anochecer, amor, y no soporto la idea de que Dama duerma otra noche más fuera
de casa, por favor, terminemos aunque sea con las farolas del parque.
Hombre2: Está bien.
(Entra en
escena Hombre1, de aproximadamente
60 años, notablemente acalorado y fatigado tras un sprint por alcanzarlos)
Hombre1: ¡Eh! oigan, ¿qué hacen?
(Mujer2
entregándole una de las cientos de fotocopias que acumula apoyadas en su
antebrazo.)
Mujer2: Tome, caballero, estamos
buscando a Dama, nuestra mascota, desapareció hace dos días y estamos muy
preocupados.
Hombre1: Ya he visto ese panfleto del
infierno ¡está por toda la ciudad! Vengo siguiéndoles porque son ustedes unos
desalmados, hagan el favor de quitar todos esos papeles de las farolas ¡o les
denuncio por secuestro!
Hombre2: ¿secuestro? Vamos, Ana, este
hombre está borracho, te dije que teníamos que habernos ido ya a casa.
Hombre1: ¡No, no, no! ¡No huyan! Ni estoy
borracho ni loco ni nada de eso, más quisieran. Lo que digo es que ustedes
están tratando de quedarse con mi Reina.
Mujer2: ¿Que qué? ¿Quién?
Hombre1: ¡Esta! (aporreando las fotocopias) Reina, mi queridísima Reina, mi
animal de compañía, mi amiga, mi tesoro, mi todo.
Hombre2: Caballero…emmm. Señor …
Hombre1: Domínguez, Gustavo.
Hombre2: Señor Domínguez, ha caído usted
en un grave error, no sé cuando ha perdido a su mascota pero Dama es nuestra y
lleva desaparecida dos días, y créame, ni se llama Reina ni es de su propiedad.
Se ha confundido, no se preocupe, no pasa nada.
(Le arranca los papeles de la mano a la mujer y
los tira al suelo para después darles patadas mientras grita.)
Hombre1: No estoy confundiendo nada, sé
perfectamente reconocer a Reina entre miles de animales idénticos a ella y
ustedes están intentando secuestrarla aprovechando que ha desaparecido, por que
es la más hermosa de su raza y…y seguro que luego la explotarán en concursos de
mascotas.
(Mujer2
echándose a reír de forma histérica y descontrolada, tanto que acaba por
echarse las manos a la cara y romper a llorar.)
Hombre1: No se rían de mí, les aseguro
que les voy a denunciar, porque además Reina es menor de edad y ni siquiera se han
dignado a pixelarle la cara como hacen en los programas de la televisión ¡sin
vergüenzas! Están dañando a su honor y en consecuencia el mío. No les voy a
dejar marchar sin que pasen por la comisaría.
Hombre2: ¡Está loco! Pero ¿cómo vamos a
pixelarle la cara? ¡si la estamos buscando! ¡Nadie la reconocería nunca!
Hombre1: Ah, osea que ¡lo reconoce!
Reconoce que están intentando llevársela, ¡madre de dios! cuando se entere mi
mujer, puffff, le va a dar, le va a dar un algo.
Hombre2: Yo no le he reconocido nada,
pero si llevo un rato diciéndole que está usted confundido a más no poder.
Hombre1: Quien calla, otorga, caballero.
Quien calla, otorga.
(Mujer2,
que ya ha salido de su risa y de su llanto, coge al señor Gustavo por las
solapas del abrigo de manera muy violenta y lo zarandea gritando en medio del
oscuro parque.)
Mujer2: ¡OIGA USTED SEÑOR IMBÉCIL, O
DEJA DE ACUSARME DE QUERER ROBAR A MI PROPIA GATA O LE PARTO LA CARA A
GUANTAZOS!
Hombre1: ¿Gata? ¿Qué gata?
Mujer2: ¿Cómo que qué gata, gilipollas?
DAMA, nuestra gata.
Hombre1: ¡Pero si Reina es una perrita!
Mujer2: ¿PERO ESTÁ CIEGO O QUÉ COÑO LE
PASA? ¡MIRE LA FOTO! ¡ES UNA MALDITA GATA! ¡CON BIGOTES, OREJAS Y RABO! BAHH,
VÁYASE A LA MIERDA.
(Mujer2
suelta al hombre con asco y este se apresura a coger alguno de los papeles que
poco antes pisoteaba.)
Hombre1: Que no, miren, es claramente una
perrita, con hocico, dientes, y rabo, sí, también tiene rabo…
Hombre2: Y no me diga que hace miau por
la noches
Hombre1: No no no, no se pitorree, Reina
es muda, no ladra, pero si ladrara diría guau.
Mujer2: Imbécil, rematadamente imbécil.
Hombre1: Oiga sin faltar, en la foto se
ve claramente a una perrita, se ve a Reina, blanquita, y…con un collar rosa.
Bueno, ahora que me fijo ella tiene los ojos más marrones, pero será cosa del
flash. Sí, bueno, y ella es un poco más corpulenta, oiga la culpa es suya, en
la foto parece una perra de la p hasta la a.
Mujer2: LE PARTO LA CARA, ANTONIO, TE
JURO QUE SE LA PARTO.
Hombre2: Calma, calma, calma…
(Ahora el que se ríe es el marido ante la
ridiculez del número de circo que sin querer han representado. Se ríe cansado,
pero verdaderamente divertido.)
Hombre2: Gustavo Domínguez, ha conseguido
que me mee de la risa, literalmente. Gracias por todo. Y antes de que se vaya,
si ve a nuestra gata, Dama, avísenos, por favor, sin numeritos. Ah, y mírese lo
de las cataratas.
(La pareja se va discutiendo, ella le reprocha
que no haya pegado al hombre por grosero y él le acusa de dramática, mientras
tanto el hombre incipientemente ciego se va a casa con uno de los papeles en la
mano repitiéndose a si mismo y frotándose la mano por la frente “es que yo
juraría que es una perrita”, con su marcha solo quedan cientos de papeles en el
suelo alumbrados por las farolas, tras esto se acerca un barrendero adormilado
que recoge uno a uno los papeles mientras los ojea.)
Barrendero: Cachis en la mar, ya se ha
vuelto a perder otra perrita.
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